TÍTULO: El Mundo mágico de los abuelos
AUTORA: Julia Valverde López. 6-A.
Había una vez, en un lugar no muy lejano, un mundo mágico de luz y
color. Las personas que en él residían pertenecían a tiempos lejanos
donde la memoria brilla por su ausencia y las arrugas lo inundan todo.
El mundo mágico era surcado por mares de color turquesa, montañas
con olor a romero y pueblecitos soleados de casitas engalanadas con
jardines colgantes...y allí en la más blanca de todas las casas vivían la
abuela Araceli y el abuelo Lucas.
El pelo de abuela era color plata, que pintaban las hadas cada mañana
tornando la plata en negro. Después, la abuela lo recogía en un
moño con horquillas de rosas y azucenas. Su voz era dulce como
un caramelo...y su piel suave como el terciopelo. Las manos de la
abuela temblaban como una hoja en otoño, y sus piernas eran cortas y
conservaban la agilidad de la gacela. Y lo que más llamaba la atención
de la abuela eran sus abrazos y sus besos. Cuando alguien pasaba
por su casa ella lo recibía abriendo sus brazos y haciéndole un hueco,
y después lo obsequiaba con un beso sabor a peladilla de navidad,
raspadura de azúcar y con agüita de azahar para los nervios.
El abuelo tenía los ojos muy, muy pequeños de tanto mirar al cielo.
Su nariz era larga y afilada para poder oler desde lejos los olivos de
sus huertos. Las manos del abuelo eran tiernas y suaves, para nada se
parecían a lo que antaño fueron. Su cuerpo se tambaleaba de un lado
a otros sin caerse y sin perder el rumbo de sus pasos y de sus sueños.
El corazón del abuelo era enorme, lo llenaba todo, la sala, la cocina, el
comedor, el vestíbulo, el ascensor, las escaleras. En su casa apenas
cabía nada más que la sensación inmensa de un gran te quiero.
El abuelo cada día se despierta al ladito de la abuela. Y mientras ella
aún duerme, él la llena de besos, de arrumacos y te quieros...la abuelita
poquito a poco va abriendo sus ojitos para mirar al abuelo y de su
boca sequita le salen las mismas palabras de amor y un recuerdo,
¿cuándo vienen los niños a vernos? Ya están aquí muy cerquita, en el
aeropuerto... le responde el abuelo. Despacito y en silencio se levantan
los abuelos a comenzar el nuevo día donde apenas existen recuerdos.
-¿Dónde está el azúcar mamá?, yo quiero un caramelo, un trocito de
chocolate, por favor turrón sólo un poquito. TE QUIERO.
- No Lucas, no, no hay azúcar, ni caramelos, cuando venga el niño se lo
pedimos con un beso.
-¿Y mi hermano Bartolo ya está en el cielo?
- Que va, él no, quien se ha ido es la señora Rosario que vivía en la
alameda del pueblo.
-¡Sí, qué disgusto! Eso no lo sabía.
-¿Ah no? Pues seguro que no es eso, seguro que están todos y yo no
me acuerdo. Pero ven aquí entre mis brazos que yo, yo...no sé lo que te
iba a decir. Se me ha olvidado mi cielo.
- No te preocupes, siéntate conmigo, dame un beso con sabor a
chocolate y menta y yo te diré mil veces lo mucho que te quiero.
Y así entre arrumacos, besos y sin recuerdos viven en su MUNDO
MÁGICO los abuelos, que desde allí siguen velando por nuestros
sueños.
El gran sueño de la humanidad es conseguir un mundo de abundancia
donde no exista la guerra...Y en el mundo mágico de los abuelos sólo
existe la nada, porque ya no hay nada, no queda nada, no queda ni
dinero, ni casas, ni profesión, ni amigos, ni ropa, ni joyas, ni muebles,
coches, fiestas, viajes...nada queda. Queda todo tan vacío, tan limpio,
que es por eso que en ese mundo entra la luz más clara, los olores
más aromáticos, los sabores más frescos, los gestos más cercanos y la
palabra te quiero. La abuela Araceli y el abuelo Lucas viven en el mundo
de los sueños y desde allí cuidan de que no olvidemos el nuestro.
Abuelita toda arrugadita y coqueta viaja en su cama mágica a través del
tiempo...muchas veces nos colamos para disfrutar de su mundo y de su
momentos...allí nos encontramos con una maestra que se enamoró de
un soldadito de plomo, que se había perdido entre Andalucía y Canarias
y había ido tras su sueño; con once enanitos que dormían en macetas,
que comían sopas de miel y trabajaban cuidando la tierra… En ese
mundo conocemos a una madre que ahorraba once huevos para sus
once enanitos que le cantaban a coro “te queremos María, eres la guía
de nuestros pasos y la guardiana de los secretos”.
Abuelito todo desorientado y enamorado viaja de la mano de la
abuela...Él ya no es capaz de vivir sin ella…¡Ma! ¿Dónde estás? Siéntate
a mi ladito que hoy no te he dicho lo guapa que estás. No te he dicho que
eres la mar, el sol de mi vida, mi compañera...y la abuela se sienta a su
ladito calladita, abre los brazos para que él se apoye en su pecho. Él le
dice ¡¡ guapa, guapa!! eres lo que más quiero. Ella le besa en la frente, lo
abraza, le vuelve a hacer un hueco en el centro de su mundo...y poco a
poco los dos se duermen...llenándolo todo de amor, velando por nuestros
sueños.
Y colorín colorado los abuelos se han dormido.
y colorín colorado mucho este cuento he sentido.